lunes, 31 de enero de 2011

Maltratemos a los animales, para eso son..!

Durante todo el día, miles de personas han Tweeteado, comentado en youtube, respecto al indignante video de los policías colombianos, quienes asesinaron cruelmente a una perrita indefensa. Bajo esos parámetros, uno se pregunta  ¿quién es el  verdadero animal?
Durante siglos, los seres humanos nos hemos visto atraídos a la violencia, en todas sus formas. Qué decir del circo romano? En este recinto no había cabida para ninguna deliberación tipo ágora griega, las matanzas de los hombres con feroces bestias, divertían más que lo que el facebook en nuestros tiempos.  Uno podría pensar que eso era cosa de la antigüedad, que el hombre, entre su modernidad y pensamiento elevado, ha fortalecido la relación con su entorno y lo de la violencia por diversión es un simple recuerdo de tiempo atrás.
 Pero, quien haya tenido la posibilidad de ir a una corrida de toros, plasmará, aunque sea de manera muy menguada, lo que otrora se hacía por la única lascivia de sangre. Imagen tanto paradójica si se tiene en cuenta que entre los asistentes a las matanzas (perdón, corridas de toros) se cuenta lo más granado de nuestra sociedad, representado en periodistas, escritores, literatos, modelos, actores y las señoras de la alta sociedad con su ropa de diseñador; todos y cada uno gritando al unísono: OREJA, OREJA, como si se tratase de algo muy normal.
No se ustedes, pero para mí, los verdaderos animales son aquellos quienes teniendo un intelecto superior (dícese el ser humano) atacan de manera “bestial” a otro ser que sólo actúa de acuerdo a instintos primarios.
Maltratemos a aquellos animales (los del supuesto intelecto superior) para eso son….

miércoles, 26 de enero de 2011

Los vendedores de los buses

¿Qué tiene de original un vendedor de bus? Nada, a no ser de que se esté escribiendo desde Europa. Por el contrario, aquellos ilustres personajes brindan un espacio y una perspectiva común a cualquier colombiano de a pie. Damas y caballeros, tengas ustedes muy buenos tardes  -en esta parte viene una señal que lastimosamente las letras no me permiten expresar, pero si pudiera plasmarlo, sería algo como un pentagrama  en el que las frases fluctúan entre un sol sostenido y un fa bemol,  salen de manera chillona, como si se tratase de un payaso que tiene siempre acento venezolano- deseo me disculpen por interrumpir unos escasos minutos de su valioso tiempo.  
En el día de hoy, les vengo a ofrecer esta rica y deliciosa galleta wafer, la cual, como lo pueden observar, viene en diferentes, variados o distintos sabores como lo son la fresa, la vainilla y el chocolate. Tiene un costo, valor o precio de tan sólo 300 pesos, o si lo desea, por qué no, compartir esta deliciosa mini galleta wafer, con una amiga, un compañero, en la oficina, en la casa, llevar las dos en 500 y para su mayor economía, las 3 en mil pesos. Yo le agradezco a la dama, el caballero de buen corazón, que desee apoyar mi forma de trabajo, recuerden no botar la basura dentro del vehículo ni por las ventanas. Recuerde, una en 300, dos en 500 y para su mayor economía, las 3 en mil.
¿Qué tiene de original lo que acabo de escribir? De antemano les había dicho que nada, porque no estoy escribiendo desde Europa sino desde el trancón de la Av. 68. Sin embargo, hay varias cosas para rescatar y que probablemente muchos de esos colombianos de a pie, que abordamos busetas coloridas, viejas y ruidosas, hemos analizado. ¿Por qué cualesquier colombiano sea de Pereira, Cartagena, Bucaramanga, Bogotá, Medellín o Palmira, prácticamente recitó la oración del vendedor al pie de la letra? ¿Por qué nos la sabemos de memoria?
A veces pienso que todo ellos son actores y que tienen un libreto, del cual no se pueden salir. Bien sea la mini wafer, la colombina, el polvito ese para blanquear los dientes,  la promoción de lapiceros; todos utilizan el mismo tono de payaso con acento venezolano, las mismas palabras que conmueven a la dama, el caballero de buen corazón.
Se imaginan cuántas personas andan en  bus en Pereira, Cartagena, Bucaramanga, Bogotá, Medellín  o Palmira? Muchísimas, y todas ellas consumen productos. Y si yo fuera el Gerente de marca, digámoslo, de una empresa de consumo masivo (pero muy masivo, valga la aclaración) la pensaría dos veces entre una valla publicitaria, correos basura y vendedores de bus, para masificar mi producto.
Mejor dicho, me pido ser el libretista de esos actores, que relaten lo que yo necesito que relaten, aprovecho el espacio prime time, (hagan cuentas: entre 5 de la mañana y 11 de la noche, cuántas personas puedo hacer que vean mi businovela? Más que el total de los televidentes de RCN y Caracol juntos entre 7:45 y 10:20 pm entre semana) hago una cooperativa para mis actores, con sus respectivas primas, cesantías, vacaciones, y yo, sentado desde el trancón de la Av. 68, me pongo a pensar que otro tema tengo para mi blog, mientras gano comisiones por cada uno de ellos.  

Living Bogotá

Hace algún tiempo tenía la férrea convicción de empezar a escribir un blog. ¿Por qué? Se preguntarán algunos. La respuesta es simple: el periodismo es como un bichito que se mete en las venas y siempre anda en el sistema circulatorio, buscando noticias, redactando crónicas o analizando el entorno en que se vive. 
 Más de tres años en mercadeo, son un tiempo más que merecido de receso del oficio y urge retomarlo.  Entonces aquí, la segunda pregunta surge, ¿cómo de qué puedo escribir? Tarea nada fácil si se tiene en cuenta que el ejercicio de escribir es muy parecido al de montar bicicleta o tener sexo: una vez se aprende no se olvida, pero se adquiere más habilidad en la medida en que se haga constantemente.
Habituado o no, el primer tema salió en un pequeño consejo de redacción hecho  en la mitad de un trancón, al interior de un bus, por plena Av. 68 de Bogotá. Escribamos sobre Bogotá y sus trancones, me dije animado. Que lata me respondí. Para mi salvación se acerca un pintoresco personaje, quién será el primer tema de Living Bogotá: los vendedores en los buses.